Poesía Reunida
Mi culpa fue la palabra
¿Qué lleva a una mujer a declarar "Mi culpa fue la palabra"? Sumérgete en la esencia de Gabriela Mistral con esta "Poesía Reunida", la antología que desvela la profundidad de la voz que nos regaló un Nobel. Esta edición explora las grandes pasiones y el vasto saber que habitaron a Lucila Godoy Alcayaga, recorriendo sus obras fundamentales. Descubre la evolución de su pensamiento, desde sus primeros cantos hasta sus reflexiones más maduras, donde cada verso revela la complejidad de su espíritu y su visión del mundo. Mistral canta al amor en sus múltiples facetas, desde la entrega maternal hasta el desgarro, conectándonos con la vibrante naturaleza latinoamericana. Explora la identidad de nuestro continente a través de su geografía, flora y fauna, revelando una profunda espiritualidad. Su compromiso con la educación y la infancia resuena con vigencia, mostrando a la maestra y pensadora social que fue, un espejo de la tierra, la sangre y las lágrimas de nuestra historia. Leer a Gabriela Mistral es reencontrarse con la cumbre de la literatura chilena e hispanoamericana, una voz "opinente, existente y alerta" que trasciende roles. Su lenguaje, aparentemente sencillo pero de una intensidad magistral, nos acerca a dolores y esperanzas universales que palpitan en nuestra idiosincrasia. Para estudiantes, profesores y bibliotecarios chilenos, esta obra es clave para entender la riqueza de nuestra herencia poética y el legado de un faro imprescindible. Déjate cautivar por la maestría y la sensibilidad de su palabra.
Sobre el autor
74 libros en la biblioteca
Gabriela Mistral, nombre artístico de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, nació el 7 de abril de 1889 en Vicuña, Chile, en la calle Maipú Nº 759 (actualmente calle Gabriela Mistral). Hija de Juan Jerónimo Godoy Villanueva y Petronila Alcayaga Rojas, desarrolló una destacada carrera como poetisa, diplomática y educadora. Desde joven se dedicó a la docencia, trabajando en diversas escuelas rurales y urbanas de Chile. Su talento poético la llevó a obtener el máximo galardón en los Juegos Florales de Santiago en 1914 por sus "Sonetos de la Muerte". En 1945, recibió el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en la primera mujer iberoamericana en obtener este reconocimiento. Su obra, caracterizada por su lirismo y emotividad, aborda temas universales como la maternidad, la naturaleza y la condición humana. Además de su labor literaria, se desempeñó como cónsul de Chile en varios países, siendo pionera en la diplomacia femenina chilena. Falleció el 10 de enero de 1957 en Hempstead, Nueva York, Estados Unidos.
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