Las madonas de Leningrado
La vejez va dejando una huella indeleble en la mente y el cuerpo de Marina, y al tiempo que borra el recuerdo de los acontecimientos cotidianos, como son los detalles acerca de la vida de los hijos o el próximo casamiento de su nieta, emergen con fuerza del pasado lejano aquellos episodios impactantes ocurridos en Rusia, su país natal, durante la guerra. Porque Marina trabajó en el museo del Ermitage, y durante el terrible sitio de Leningrado, que tantas vidas humanas costó, ella, junto con otros compañeros, se entregó a la conservación de las grandes obras de arte de esa institución, preservando así el legado más sublime del ser humano en medio de una de las mayores tragedias de la historia.
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