El sí de las niñas
Adéntrese en los salones del teatro neoclásico con esta edición de El sí de las niñas, la cumbre dramática de Leandro Fernández de Moratín. La obra nos transporta a una posada en Alcalá de Henares, donde se desarrolla en una sola noche la historia de doña Francisca, una joven de dieciséis años, cuya madre, doña Irene, ha concertado su matrimonio con el maduro don Diego, de cincuenta y nueve. Francisca, educada en la obediencia y la sumisión, se encuentra en un dilema desgarrador al estar secretamente enamorada de don Carlos, sobrino de su prometido. Moratín, con su aguda pluma ilustrada, teje una trama que critica fervientemente los matrimonios de conveniencia y la restrictiva educación femenina de la época, que coartaba la libertad de elección de las mujeres y las obligaba a un "sí" forzado. Esta comedia, que en su estreno de 1806 fue un rotundo éxito y a la vez objeto de censura por la Inquisición debido a su mensaje revolucionario, destaca por su maestría en la construcción de personajes y diálogos. Refleja el conflicto eterno entre el deber filial y el derecho a la felicidad individual, consolidándose como una pieza fundamental de la literatura española que aún hoy resuena con una vigencia impactante sobre la autonomía y la verdad en las decisiones vitales.
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Sobre el autor
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Leandro Fernández de Moratín, destacado dramaturgo, poeta y traductor, nació en Madrid, España, el 10 de marzo de 1760. Hijo del también literato Nicolás Fernández de Moratín, creció en un ambiente intelectualmente estimulante que forjó su profunda conexión con las letras. Aunque autodidacta en gran medida, su formación se nutrió de la élite cultural madrileña de la época y de las ideas ilustradas que su padre promovía. Desde joven, mostró inclinación por la poesía, obteniendo reconocimientos en concursos de la Real Academia Española. Moratín se consolidó como el más relevante comediógrafo neoclásico del siglo XVIII español. Sus obras teatrales, como "El viejo y la niña" (1790), "La comedia nueva" (1792) y su obra cumbre "El sí de las niñas" (1806), criticaron las costumbres de la época y la hipocresía social, promoviendo los principios de la Ilustración y la razón. Sus viajes por Francia, Inglaterra e Italia, facilitados por el apoyo de figuras como Gaspar Melchor de Jovellanos y Manuel Godoy, fueron fundamentales para perfeccionar su visión dramática y su conocimiento de las corrientes europeas. Los últimos años de su vida estuvieron marcados por la turbulencia política. Adherido a las ideas liberales y afrancesadas, se vio obligado a exiliarse tras la Guerra de la Independencia Española, viviendo en diferentes ciudades como Valencia y Barcelona, y finalmente en Francia. Falleció en París el 21 de junio de 1828, dejando un legado imperecedero como reformador del teatro español y figura central del Neoclasicismo. Sus restos fueron posteriormente trasladados a España.
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